Francisco Javier
Franco Bersabé (26/1/1977) es un pívot curtido en mil batallas y
tallado sobre el molde del sacrificio y la constancia. Nacido en un
pueblo sin tradición en el mundo de la canasta, Fuente Palmera, el
colono se crió en los escalafones inferiores de uno de los clubes de
mayor relevancia social en la capital califal, CB El Carmen. En la
disciplina carmelita fue siempre uno de los más espigados, -gracias a
sus 2,03 metros de altura-, e inteligentes sobre el duro cemento de
aquellas pistas de inicios de los 90.

Tras agotar su
etapa formativa en el populoso barrio de San Cayetano decidió
enrolarse en La Carlota, equipo que a mediados de la anterior década
militaba en 2ª Nacional. En aquella categoría pronto impuso su ley y,
gracias a sus excepcionales promedios, se cruzó en su destino el CB
Villanueva, que, con el rol de firme aspirante al ascenso a 1ª
Nacional, fue la catapulta ideal para integrarse en el panorama semi-profesional
del baloncesto nacional. Dos temporadas completó en EBA luciendo
la camiseta del Doncel La Serena.
Con apenas 23
años asaltó la LEB-2. El CB Linense, uno de los líderes de la
categoría en aquella etapa, captó la confianza de aquel ala-pívot de
altura imponente y muñeca privilegiada. Su curriculum, con estancias
en Mahón, La Laguna, Tenerife o Valls, se escribió siempre con el
corazón de un tipo de principios. Y el Santa Pola quiso atraer su
calidad en el verano de 2006. Sumida en la opulencia de la EBA, la
entidad azulina decidió involucrarse en la LEB-Plata, categoría en la
que la suerte no sonrió.
Precipitado adiós

De El Xiprerets
se marchó el pasado mes de enero por motivos de salud. "Al principio
de temporada me dieron un golpe tremendo en la cara que empezó a
producirme continuas crisis de ansiedad", detalla. "Cuando dio
comienzo el año, y viendo que no me recuperaba, el club y yo decidimos
poner punto y final a la relación, ya que lo primero era recuperarme
cuanto antes", añade. Y, según relata el colono, "cuando llevaba poco
tiempo en Córdoba me llamó Ángel Lopera para que me fuera al Rofer
Pozoblanco", equipo con el que pelea por sellar el ansiado ascenso
a EBA.
"Ahora es mi
principal ilusión", confiesa. Según su punto de vista, "a ellos les
debo mucho, ya que me han ayudado a salir adelante en una situación
difícil", y, además, niega que "sea negativo para mi carrera
bajar tres o cuatro escalones para seguir jugando". "A mí no se me
caen los anillos", matiza. El futuro, ahora impregnado de cierta
incertidumbre, no preocupa a alguien que supo emigrar de su localidad
natal para alcanzar un estatus definido en el basket nacional. "No sé
qué pasará, pero a mí me encantaría volver a mi tierra", aclara.
El Ciudad de
Córdoba es, sin duda, una opción real para cuando la ronda de
negociaciones se acelere. "Aún no hemos hablado, ni siquiera me han
llamado, pero está claro que cuando lo hagan estudiaré la propuesta
con la mayor atención posible", anticipa. Aquel jovencito de pueblo,
inocente y espigado, ha crecido, madurado y grabado a fuego en
su mente la idea de que la vida es de carácter cíclico. "Nunca sabes
dónde puedes acabar", reflexiona.
